
El parque intercomunal, o Padre Hurtado como le llaman los “pechugas”, está que arde, no sólo porque hay muchas actividades y un movimiento de locos, sino, por la cantidad de parrillas, carbón, asado, fuego y cuanta cosa llamada “llama”, hay, todo esto, mezclado con una multitud que acalora todo siempre. Yo no entiendo donde cabe tanta gente y cómo podemos caminar por la misma línea, tantas personas a la vez. Era un mar humano para todo lo que quisieras. Una lata, a la mitad del recorrido, ya quieres irte, por lo menos yo. No soporto esos lugares así. Si bien, es correcto que esté repleto de gente, y respetable que todos quieran celebrar, pero nunca he entendido como cresta lo hacen para mamarse semejante alboroto. Para entrar, una hora pegados en una cola que no avanzaba; luego para sentarnos en una mesa, otra hora más; después, para que nos atendieran en dicha mesa, otra más y así, vamos sumando. Para qué habar de los juegos, una hora en cada cola de juego para los niños. Con mi hermano nos miramos y preguntamos que hora es, y ya eran las 6, y llegamos a la conclusión de que estuvimos más de 4 horas en colas y cosas por el estilo y que sólo 2 fueron de goce, de disfrutar. Horror. Bueno, el restaurante elegido, Doña Tina, nos fuimos a la segura, porque hay mucho puesto improvisado que no da buena espina. También estaban los Buenos Muchachos, pero su carne no me gusta; la Piojera y su afamado “Terremoto” y otro más que no me acuerdo entre tanta gente que no me dejaba ver carteles. Teníamos el número 106, y el turno estaba en el 92, aunque avanzó rápido. Una empanada y anticuchos para esperar nuestra mesa; luego, logramos sentarnos y pedimos borgoña de chirimoya, porción de papas fritas y los platos de las niñas. Después de 20 minutos, llegan los vasos, para recién tomarse el borgoña; después de otra media hora, llega el pan, que estaba de lujo y comenzamos a comer, el tema, era que no había tenedor ni cuchillo, entonces, tuvimos que esperar otros 15 minutos por los cubiertos. Ahí, llegó la mantequilla, los susodichos cubiertos y las servilletas y optamos por pedir nuestros platos. Un costillar con ensalada chilena para mi viejo y dos plateadas con papas fritas, una para mí y la otra para mi hermano. El restaurante, lleno, repleto la verdad, por eso de la lentitud. La plateada, buena, nada que decir; las papas fritas, de las mejores, bien cortadas y anchas como las antiguas papas. La “chilena”, ya aliñada, un placer, con una cebolla tierna y un tomate rojo rico. De postre, una leche asada y un jarrón de mote con huesillos. El mote, algo caliente y la lecha asada, congelada, o sea, ahí no más, pero para esas alturas, ya no importaba nada, llevábamos como 3 horas en la mesa y queríamos irnos luego. La cuenta: $41.500 para 5 personas. Negocio redondo pensando la rotación que existe en dicho lugar, estamos pensando arrendar algo para el otro dieciocho. A esta hora, 20:00hrs. No puedo moverme de tanta cosa que he comido. Mañana al trote si o si.